A mi maestro D. Santiago del Corral
1958
Llueve tras los cristales del aula. La marquesina del jardín ayuda a ensombrecer el ambiente que solo luce gracias a los neón distribuidos por el techo, alguno parpadea y zumba incómodamente. Fuera las gotas salpican y encharcan la tierra, después de golpear tallos oscuros de rosal desnudos de hoja y flor; es por la tarde. Ambiente somnoliento después de una agotadora jornada de clases y recreos, cuando el maestro, libro en mano, se desplaza arriba y abajo del pasillo entre pupitres y a la espera de que tenga lugar el silencio, para dar comienzo a la clase de lectura. Hoy toca Edmundo de Amicis y su “Corazón”, abrimos el libro por donde lo dejamos ayer.
Enrique sufre por la lejanía de su madre y desespera por trasladarse a Sudamérica para encontrarse con ella. Enrique es un niño como nosotros, pero con más problemas. Los nuestros derivan de hacer adecuadas pausas entre los signos ortográficos y estar atentos por si el maestro pronuncia nuestro nombre, prestos a continuar la lectura donde la deje el compañero. La historia es más interesante que las anteriores de Azorín o Baroja….pero la tarde se hace cada vez mas somnolienta. D. Santiago, siempre dispuesto a la alegría, reprocha a Santaella por su falta de atención, pero lo hace de manera que el resto de la clase y el propio reprochado irrumpamos en estrepitosas carcajadas. El drama de Enrique y la somnolencia, han quedado por un momento interrumpidos, y Santaella ha de releer la última frase haciendo las pausas correctas. Los viejos autobuses de las rutas, se disponen en fila en la calle aledaña a los jardines, mientras Enrique deambula por los barrios de Córdoba sin muchas alegrías pero si esperanza. ¿Hasta donde llegaremos hoy ?¿Encontrará Enrique a su madre? ¿Compartirá Marsá hoy su infinita barra de pan y chocolate? ¿Perderé el autobús? ¿Seré el siguiente en la lectura?.... muchas incógnitas se entremezclan que no me permiten seguir a conciencia lo que me rodea. ......Sigue lloviendo.
Punto y aparte.....-Lara....siga-......
Hoy no me ha tocado leer.
Cuantas horas que de seguro han servido para algo.
Llueve tras los cristales del aula. La marquesina del jardín ayuda a ensombrecer el ambiente que solo luce gracias a los neón distribuidos por el techo, alguno parpadea y zumba incómodamente. Fuera las gotas salpican y encharcan la tierra, después de golpear tallos oscuros de rosal desnudos de hoja y flor; es por la tarde. Ambiente somnoliento después de una agotadora jornada de clases y recreos, cuando el maestro, libro en mano, se desplaza arriba y abajo del pasillo entre pupitres y a la espera de que tenga lugar el silencio, para dar comienzo a la clase de lectura. Hoy toca Edmundo de Amicis y su “Corazón”, abrimos el libro por donde lo dejamos ayer.
Enrique sufre por la lejanía de su madre y desespera por trasladarse a Sudamérica para encontrarse con ella. Enrique es un niño como nosotros, pero con más problemas. Los nuestros derivan de hacer adecuadas pausas entre los signos ortográficos y estar atentos por si el maestro pronuncia nuestro nombre, prestos a continuar la lectura donde la deje el compañero. La historia es más interesante que las anteriores de Azorín o Baroja….pero la tarde se hace cada vez mas somnolienta. D. Santiago, siempre dispuesto a la alegría, reprocha a Santaella por su falta de atención, pero lo hace de manera que el resto de la clase y el propio reprochado irrumpamos en estrepitosas carcajadas. El drama de Enrique y la somnolencia, han quedado por un momento interrumpidos, y Santaella ha de releer la última frase haciendo las pausas correctas. Los viejos autobuses de las rutas, se disponen en fila en la calle aledaña a los jardines, mientras Enrique deambula por los barrios de Córdoba sin muchas alegrías pero si esperanza. ¿Hasta donde llegaremos hoy ?¿Encontrará Enrique a su madre? ¿Compartirá Marsá hoy su infinita barra de pan y chocolate? ¿Perderé el autobús? ¿Seré el siguiente en la lectura?.... muchas incógnitas se entremezclan que no me permiten seguir a conciencia lo que me rodea. ......Sigue lloviendo.
Punto y aparte.....-Lara....siga-......
Hoy no me ha tocado leer.
Cuantas horas que de seguro han servido para algo.

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